Guía completa: Qué hacer si eres avalista y empiezan los problemas

Ser avalista no te convierte en imprudente ni en ingenuo, te convierte en alguien que firmó confiando, muchas veces por ayudar a un familiar o a un socio, sin que nadie le explicara con claridad qué estaba poniendo realmente en juego. El problema aparece cuando el deudor deja de pagar y, de repente, el foco se coloca sobre ti.

Localiza y lee exactamente el documento de aval

No basta con saber que “eres avalista”. Hay que ver qué tipo de aval firmaste, si es solidario o mancomunado, si tiene límites de cantidad, de tiempo o de concepto. En la práctica, la mayoría de avales son solidarios y eso permite al acreedor ir directamente contra ti, pero incluso en esos casos hay matices importantes que pueden cambiarlo todo.

No des por hecho que respondes de todo

Es muy habitual que se reclamen intereses, comisiones, costas y cantidades que no están correctamente cubiertas por el aval. El hecho de que te las reclamen no significa que sean legalmente exigibles. Aquí hay mucho exceso y poca precisión jurídica.

Comprueba si el aval sigue vigente o ha quedado desactivado

Refinanciaciones, ampliaciones de crédito, novaciones del préstamo, cambios en las condiciones o en el plazo. Si el contrato principal cambió y tú no prestaste consentimiento expreso, el aval puede haber quedado sin efecto total o parcialmente. Este punto es clave y casi nadie lo revisa.

Distingue presión de reclamación real

Cartas amenazantes, llamadas insistentes y mensajes del tipo “si no paga él, pagas tú” forman parte del manual habitual. Pero una cosa es presionar y otra muy distinta es tener un procedimiento judicial en marcha. Antes de tomar decisiones hay que comprobar si existe demanda, monitorio o ejecución, o si solo están tanteando tu reacción.

No negocies desde el miedo

Muchos avalistas llaman al banco o al fondo para “ver qué se puede hacer” y acaban reconociendo deuda, aceptando condiciones peores o firmando acuerdos que los atan durante años. Negociar sin saber qué puedes perder y qué puedes ganar es regalar ventaja al otro lado.

El avalista también puede negociar, y con margen

Ejecutar a un avalista no siempre es rápido ni rentable para el acreedor. Hay costes, tiempos y riesgos. Eso abre la puerta a quitas, acuerdos parciales, liberaciones o soluciones intermedias. Pero solo funcionan cuando se plantean con una estrategia clara y bien medida.

Ojo con los pagos parciales improvisados

Pagar “algo para ganar tiempo” puede ser un error grave. Un pago mal hecho puede interrumpir plazos, reforzar la reclamación o empeorar tu posición. No todo pago protege, algunos te atan más.

Valora el impacto real sobre tu patrimonio

Antes de entrar en pánico hay que analizar qué bienes podrían verse afectados, en qué orden y con qué límites. Muchas veces el miedo va muy por delante de la realidad jurídica.

Ser avalista no te convierte en el deudor principal

Aunque la presión te haga sentir así, jurídicamente no eres lo mismo. Esa diferencia existe y se puede trabajar. El problema es que casi nadie la utiliza porque nadie se la explica.

Conclusión clara

El mayor peligro para un avalista no es la deuda en sí, es actuar rápido, mal informado y desde el miedo. Avalar fue una decisión, pero asumirlo todo sin revisar, negociar o defenderte es un error evitable.

Si eres avalista y han empezado los problemas, aún estás a tiempo de hacer las cosas bien.

Un abrazo legal

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